Leí hace algún tiempo un artículo publicado
en el suplemento del periódico Ideal de
Granada (domingo 8 de abril de 2007) dónde se aportan unas claves muy
interesantes sobre el mundo de la ciencia y la empresa. En la columna Miradas
pensantes, el catedrático de Microbiología César Nombela, nos
hace una reflexión sobre la importancia de gestionar el conocimiento en esta
sociedad cada vez más competitiva y globalizada. El avance económico y social
requiere de una apuesta por parte de las instituciones responsables, para
aprovechar los beneficios que nos reporta el conocimiento. La Universidad, como
referente de la formación superior debe adaptarse a estos nuevos tiempos, y
ejercer ese liderazgo social para afrontar una competitividad creciente.
César Nombela expone muy bien los puntos de referencia
a tener en cuenta por parte de la Universidad y las instituciones privadas de
Educación Superior: la armonización de los contenidos en la formación pre y
post graduada, la identificación de los campos profesionales debido a los
cambios sociales y la formación para el desarrollo y la innovación. Estos
puntos son clave puesto que estas instituciones se juegan su futuro.
Está claro que los cambios sociales están
sucediendo más rápido que la velocidad de adaptación de algunas instituciones,
y más si se trata de las de carácter público como la Universidad. El tratado de Bolonia
marca las nuevas directrices para consensuar las enseñanzas a nivel
internacional. Todo esto constituye uno de los grandes pilares en el conjunto
de la responsabilidad social de la Universidad, pero falta algo muy importante,
sino lo más importante, la implicación y responsabilidad del personal que
forman dichas instituciones. El profesorado universitario requiere de un cambio
radical, y aunque parezca paradógico, de un cambio a nivel intelectual. La
rigidez mental encorseta las ideas y actividades de muchos de estos
profesionales, anclándose en viejos modelos. La creatividad y la innovación
solo se dan cuando la mente se cuestiona en sus comportamientos y pensamientos,
abandonando prejuicios y mirando desde otras perspectivas.
Tiene razón César Nombela cuando apela a las
instituciones a la formación en la gestión del conocimiento, pero los
que nos formen no pueden ser los mismos que nos han formado hasta ahora.
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